Salmos de Consuelo y Fortaleza

Cuando la carga es pesada y el espíritu desmaya, la Palabra de Dios es nuestro refugio seguro. Haz clic en cada tarjeta para abrir el texto completo en el panel lateral.


Salmo 23
Confianza y Paz Interior

Salmo 23: El Señor es mi pastor

"El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas..."

Salmo 46
Refugio ante la Angustia

Salmo 46: Dios es nuestro amparo

"Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza, nuestro auxilio en el peligro de la angustia..."

Salmo 91
Protección contra el Miedo

Salmo 91: Bajo la Sombra del Altísimo

"Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, di al Señor: «Refugio mío...»"

Salmo 34
Alivio para el Corazón Roto

Salmo 34: El Señor escucha a los atribulados

"Busqué al Señor y me respondió, me libró de todos mis temores. Miren hacia él y quedarán radiantes..."

Salmo 27
Fortaleza ante la Adversidad

Salmo 27: El Señor es mi luz y salvación

"El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida..."

Salmo 121
Fortaleza en el Camino

Salmo 121: El auxilio me viene del Señor

"Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor..."

Salmo 62
Paz y Silencio Interior

Salmo 62: Solo en Dios descansa mi alma

"Solo en Dios descansa mi alma, de él viene mi salvación. Solo él es mi roca y mi salvación..."

Salmo 57
Refugio en la Prueba

Salmo 57: Ten piedad de mí, oh Dios

"Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí, porque en ti se refugia mi alma..."

Salmo 23
El Señor es mi pastor
1 El Señor es mi pastor, nada me falta: 2 en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas 3 y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. 4 Aunque camine por cañadas oscuras, no temo ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. 5 Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. 6 Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Salmo 46
Dios es nuestro amparo
1 Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza, nuestro auxilio en el peligro de la angustia. 2 Por eso no tememos, aunque la tierra tiemble, aunque los montes se hundan en el fondo del mar; 3 aunque rujan y se amontonen sus aguas, y los montes se sacudan con su ímpetu. 4 El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob. 5 Un río con sus canales alegra la ciudad de Dios, la morada santa del Altísimo. 6 Dios está en medio de ella: no vacilará; Dios la socorre al romper el alba. 7 Braman las naciones, vacilan los reinos; él lanza su voz, y se derrite la tierra. 8 El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob. 9 Vengan a ver las obras del Señor, las maravillas que hace en la tierra: 10 él pone fin a las guerras hasta los confines del orbe, rompe los arcos, quiebra las lanzas, e incinera los escudos en el fuego. 11 «Reconoced que yo soy Dios: estoy por encima de las naciones, por encima de la tierra». 12 El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob.
Salmo 91
Bajo la Sombra del Altísimo
1 Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, 2 di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti». 3 Él te librará de la red del cazador, de la peste destructora. 4 Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás: su escudo y armadura son su verdad. 5 No temerás el espanto nocturno, ni la flecha que vuela de día, 6 ni la peste que se desliza en las tinieblas, ni la epidemia que devasta a pleno sol. 7 Caerán a tu izquierda mil, diez mil a tu derecha; a ti no te tocará. 8 Abre tus ojos solamente y verás la paga de los malvados, 9 ya que hiciste del Señor tu refugio, del Altísimo tu morada. 10 No te alcanzará la desgracia, ni la plaga se acercará a tu tienda, 11 porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en todos tus caminos. 12 Te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra; 13 caminarás sobre áspides y víboras, pisotearás leones y dragones. 14 «Pues a mí se acogió, lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre. 15 Me invocará y lo escucharé, con él estaré en la desgracia, lo defenderé y lo glorificaré; 16 lo saciaré de largos días, y le haré ver mi salvación».
Salmo 34
El Señor escucha a los atribulados
1 Bendeciré al Señor en todo momento, su alabanza estará siempre en mis labios. 2 Mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. 3 Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos su nombre todos a una. 4 Busqué al Señor y me respondió, me libró de todos mis temores. 5 Miren hacia él y quedarán radiantes, sus rostros no se avergonzarán. 6 Si el afligido grita, el Señor lo escucha y lo salva de todas sus angustias. 7 El ángel del Señor acampa en torno a los que lo temen y los protege. 8 Gusten y vean qué bueno es el Señor, dichoso el que se refugia en él. 9 Teman al Señor, sus santos, nada les falta a los que lo temen. 10 Los ricos se empobrecen y pasan hambre, pero los que buscan al Señor no carecen de nada.
Salmo 27
El Señor es mi luz y salvación
1 El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? 2 Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen. 3 Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no teme; si contra mí se levanta una guerra, yo mantengo la confianza. 4 Una cosa pido al Señor, esto buscaré: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. 5 Porque él me esconderá en su cabaña en el día del peligro; me ocultará en lo oculto de su tienda, me levantará sobre una roca. 6 Y así levantaré la cabeza sobre los enemigos que me cercan; ofreceré en su tienda sacrificios de aclamación: cantaré y tocaré para el Señor. 7 Escucha, Señor, mi voz con que te clamo; ten piedad de mí y respóndeme. 8 De ti dice mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor; 9 no me escondas tu rostro, no rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación. 10 Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá. 11 Enséñame, Señor, tus caminos, guíame por senda llana, a causa de mis enemigos. 12 No me entregues a la saña de mis adversarios, porque se han levantado contra mí testigos falsos, que respiran violencia. 13 Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. 14 Espera en el Señor, sé fuerte, ten valor y espera en el Señor.
Salmo 121
El auxilio me viene del Señor
1 Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? 2 El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. 3 No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; 4 no duerme ni reposa el guardián de Israel. 5 El Señor es tu guarda, el Señor es tu sombra a tu mano derecha. 6 De día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. 7 El Señor te guarda de todo mal, el Señor guarda tu alma; 8 el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre.
Salmo 62
Solo en Dios descansa mi alma
1 Solo en Dios descansa mi alma, de él viene mi salvación. 2 Solo él es mi roca y mi salvación, mi baluarte: no vacilaré mucho. 3 ¿Hasta cuándo arremeterán contra un hombre todos ustedes para derribarlo, como a una pared inclinada, como a un muro que se desploma? 4 Solo maquinan derribarlo de su altura, complaciéndose en la mentira; con la boca bendicen, pero por dentro maldicen. 5 Solo en Dios descansa mi alma, de él viene mi esperanza. 6 Solo él es mi roca y mi salvación, mi baluarte: no vacilaré. 7 De Dios depende mi salvación y mi gloria, él es mi roca firme, mi refugio está en Dios. 8 Pueblo suyo, confíen en él en todo tiempo, desahoguen ante él su corazón, que Dios es nuestro refugio. 9 Los hijos de Adán son un soplo, los hombres importantes, una mentira: en la balanza suben juntos, más leves que un soplo. 10 No confíen en la violencia, no se ilusionen con el robo; si crecen las riquezas, no pongan el corazón en ellas. 11 Dios ha dicho una cosa, dos cosas que he escuchado: que el poder pertenece a Dios, 12 y que tuya, Señor, es la misericordia; porque tú pagas a cada uno conforme a sus obras.
Salmo 57
Ten piedad de mí, oh Dios
1 Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí, porque en ti se refugia mi alma; en la sombra de tus alas me refugio, hasta que pase el estrago. 2 Clamo al Dios Altísimo, al Dios que hace el bien por mí. 3 Enviará desde el cielo y me salvará, confundirá a los que me acosan; enviará Dios su misericordia y su fidelidad. 4 Mi alma está en medio de leones, tumbada entre fieras que echan fuego; sus dientes son lanzas y saquetas, su lengua, una espada afilada. 5 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios, y en toda la tierra tu gloria. 6 Han tendido una red a mis pasos, para abatir mi alma; han cavado un foso ante mí, pero han caído en él. 7 Mi corazón está firme, oh Dios, mi corazón está firme; quiero cantar y tocar para ti. 8 Despierta, alma mía; despierten cítara y arpa: despertaré a la aurora. 9 Te alabaré entre los pueblos, Señor, cantaré para ti entre las naciones, 10 porque tu misericordia es grande hasta los cielos, y tu fidelidad hasta las nubes. 11 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios, y en toda la tierra tu gloria.