Todos los Salmos de la Biblia (1 al 150)

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Salmo 31
Sagradas Escrituras

Salmo 31

Refugio en el Señor en la tribulación

1 En ti, oh Señor, he confiado; no sea yo avergonzado jamás; Líbrame en tu justicia. 2 ...

Salmo 32
Sagradas Escrituras

Salmo 32

La dicha del perdón

1 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. 2 Bie...

Salmo 33
Sagradas Escrituras

Salmo 33

Alabanza al Creador y Protector

1 Alegraos, oh justos, en el Señor; En los rectos es hermosa la alabanza. 2 Aclamad al ...

Salmo 34
Sagradas Escrituras

Salmo 34

Alabanza por la liberación de Dios

1 Bendeciré al Señor en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca. 2 En el...

Salmo 35
Sagradas Escrituras

Salmo 35

Oración pidiendo defensa contra los enemigos

1 Disputa, oh Señor, con los que contra mí contienden; Pelea contra los que me combaten...

Salmo 36
Sagradas Escrituras

Salmo 36

La maldad del impío y la bondad de Dios

1 La transgresión del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojo...

Salmo 37
Sagradas Escrituras

Salmo 37

El camino de los impíos y la herencia de los justos

1 No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquid...

Salmo 38
Sagradas Escrituras

Salmo 38

Oración de un pecador penitente y afligido

1 Señor, no me reprendas en tu furor, Ni me castigues en tu ira. 2 Porque tus saetas ca...

Salmo 39
Sagradas Escrituras

Salmo 39

La brevedad de la vida

1 Dije: Atenderé a mis caminos, Para no pecar con mi lengua; Guardaré mi boca con freno...

Salmo 40
Sagradas Escrituras

Salmo 40

Esperanza y acción de gracias

1 Pacientemente esperé al Señor, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. 2 Y me sacó del po...

Salmo 31
Refugio en el Señor en la tribulación
1 En ti, oh Señor, he confiado; no sea yo avergonzado jamás; Líbrame en tu justicia. 2 Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; Sé tú una roca fuerte para mí, una casa fortificada para salvarme. 3 Porque tú eres mi roca y mi castillo; Por amor de tu nombre me guiarás y me encaminarás. 4 Sácame de la red que han escondido para mí, Porque tú eres mi refugio. 5 En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Señor, Dios de verdad. 6 Aborrezco a los que esperan en vanidades ilusorias; Mas yo en el Señor he confiado. 7 Me gozaré y me alegraré en tu misericordia, Porque has visto mi aflicción; Has conocido las angustias de mi alma. 8 No me entregaste en mano del enemigo; Pusiste mis pies en lugar espacioso. 9 Ten misericordia de mí, oh Señor, porque estoy en angustia; Se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo. 10 Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; Se ha debilitado mis fuerzas a causa de mi iniquidad, Y mis huesos se han consumido. 11 De todos mis enemigos soy objeto de oprobio, Y de mis vecinos mucho más, y espanto a mis conocidos; Los que me veían fuera huían de mí. 12 He sido olvidado de su corazón como un muerto; He venido a ser como un vaso quebrado. 13 Porque oí la calumnia de muchos; Miedo por todas partes; Mientras consultaban juntos contra mí, Efinieron quitarme la vida. 14 Mas yo en ti confío, oh Señor; Dije: Dios mío eres tú. 15 En tus manos están mis tiempos; Líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores. 16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; Sálvame por tu misericordia. 17 No sea yo avergonzado, oh Señor, ya que te he invocado; Sean avergonzados los impíos, estén mudos en el Seol. 18 Enmudezcan los labios mentirosos, Que hablan contra el justo cosas duras Con soberbia y menosprecio. 19 ¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, Que has mostrado a los que confían en ti delante de los hijos de los hombres! 20 En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; Los protegerás en un tabernáculo de la contienda de lenguas. 21 Bendito sea el Señor, Porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fortificada. 22 Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos; Pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando clamé a ti. 23 Amad al Señor, todos vosotros sus santos; A los fieles guarda el Señor, Y paga abundantemente al que procede con soberbia. 24 Esforzaos todos vosotros los que esperáis en el Señor, Y tome aliento vuestro corazón.
Salmo 32
La dicha del perdón
1 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. 2 Bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. 3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. 4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah 5 Mi pecado te declaré, y no oculté mi iniquidad. Confesaré, dije, mis transgresiones al Señor; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah 6 Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán estas a él. 7 Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; Con cánticos de liberación me rodearás. Selah 8 Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos. 9 No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti. 10 Muchos dolores habrá para el impío; Mas al que espera en el Señor, le rodea su misericordia. 11 Alegraos en el Señor y gozaos, justos; Y cantad con júbilo todos los rectos de corazón.
Salmo 33
Alabanza al Creador y Protector
1 Alegraos, oh justos, en el Señor; En los rectos es hermosa la alabanza. 2 Aclamad al Señor con arpa; Cantadle salmos con el salterio de diez cuerdas. 3 Cantadle cántico nuevo; Hacedlo bien, tañendo con júbilo. 4 Porque recta es la palabra del Señor, Y toda su obra es hecha con fidelidad. 5 Él ama justicia y juicio; De la misericordia del Señor está llena la tierra. 6 Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca. 7 Él junta como montón las aguas del mar; Él pone en depósitos los abismos. 8 Tema al Señor toda la tierra; Tiemblen delante de él todos los habitantes del mundo. 9 Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió. 10 El Señor anula el consejo de las naciones; Frustra las asechanzas de los pueblos. 11 El consejo del Señor permanecerá para siempre; Los pensamientos de su corazón por todas las generaciones. 12 Bienaventurada la nación cuyo Dios es el Señor, El pueblo que él escogió como heredad para sí. 13 Desde los cielos miró el Señor; Vio a todos los hijos de los hombres; 14 Desde el lugar de su morada miró A todos los moradores de la tierra. 15 Él formó el corazón de todos ellos; Atento está a todas sus obras. 16 El rey no se salva por la multitud del ejército, Ni escapa el valiente por la mucha fuerza. 17 Vano para salvarse es el caballo; La grandeza de su fuerza a nada tampoco le hará escapar. 18 He aquí el ojo del Señor sobre los que le temen, Sobre los que esperan en su misericordia, 19 Para librar sus almas de la muerte, Y para darles vida en tiempo de hambre. 20 Nuestra alma espera al Señor; Nuestra ayuda y nuestro escudo es él. 21 Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, Porque en su santo nombre hemos confiado. 22 Sea tu misericordia, oh Señor, sobre nosotros, Según esperamos en ti.
Salmo 34
Alabanza por la liberación de Dios
1 Bendeciré al Señor en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca. 2 En el Señor se gloriará mi alma; Lo oirán los mansos, y se alegrarán. 3 Engrandeced al Señor conmigo, Y exaltemos a una su nombre. 4 Busqué al Señor, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores. 5 Los miraron a él, y fueron alumbrados; Y sus rostros no fueron avergonzados. 6 Este pobre clamó, y le oyó el Señor, Y lo libró de todas sus angustias. 7 El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende. 8 Gustad, y ved que es bueno el Señor; Bienaventurado el hombre que confía en él. 9 Temed al Señor, vosotros sus santos, Pues nada falta a los que le temen. 10 Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan al Señor no tendrán falta de ningún bien. 11 Venid, hijos, oídme; El temor del Señor os enseñaré. 12 ¿Quién es el hombre que desea vida, Que desea muchos días para ver el bien? 13 Guarda tu lengua del mal, Y tus labios de hablar engaño. 14 Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela. 15 Los ojos del Señor están sobre los justos, Y atentos sus oídos al clamor de ellos. 16 La ira del Señor contra los que hacen mal, Para cortar de la tierra la memoria de ellos. 17 Claman los justos, y el Señor oye, Y los libra de todas sus angustias. 18 Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu. 19 Muchos son los males del justo, Pero de todos ellos le librará el Señor. 20 Él guarda todos sus huesos; Ni uno de ellos es quebrantado. 21 Matará al malo la maldad, Y los que aborrecen al justo serán condenados. 22 El Señor redime el alma de sus siervos, Y no serán condenados todos los que en él confían.
Salmo 35
Oración pidiendo defensa contra los enemigos
1 Disputa, oh Señor, con los que contra mí contienden; Pelea contra los que me combaten. 2 Echa mano al escudo y al pavés, Y levántate en mi ayuda. 3 Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; Di a mi alma: Yo soy tu salvación. 4 Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida; Vuelvan atrás y sean avergonzados los que mi mal intentan. 5 Sean como el tamo delante del viento, Y el ángel del Señor los acose. 6 Sea su camino tenebroso y resbaladizo, Y el ángel del Señor los persiga. 7 Porque sin causa escondieron su red para mí en un hoyo; Sin causa cavaron hoyo para mi alma. 8 Venga sobre él el quebrantamiento sin que lo sepa, Y la red que escondió le prese; Caiga en ella con quebrantamiento. 9 Y mi alma se alegrará en el Señor; Se gozará en su salvación. 10 Todos mis huesos dirán: Señor, ¿quién como tú, Que libras al afligido del más fuerte que él, Y al pobre y menesteroso del que le despoja? 11 Se levantan testigos falsos; De lo que no sé me preguntan. 12 Me devuelven mal por bien, Para afligir a mi alma. 13 Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; Afligí con ayuno mi alma, Y mi oración se volvía a mi regazo. 14 Como por mi amigo, como por mi hermano andaba; Como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba. 15 Pero ellos se alegraron en mi debilidad, y se juntaron; Se juntaron contra mí gentes desprecendidas, sin que yo lo supiera; Me destrozaban sin cesar. 16 Como hipócritas burlones en las fiestas, Crujieron contra mí sus dientes. 17 Señor, ¿hasta cuándo verás esto? Rescata mi alma de sus destrucciones, mi única vida de los leones. 18 Te confesaré en grande congregación; Te alabaré entre mucho pueblo. 19 No se alegren de mí los que sin causa son mis enemigos, Ni los que me aborrecen sin causa guiñen el ojo. 20 Porque no hablan paz; Sino contra los mansos de la tierra maquinan palabras engañosas. 21 Ancharon contra mí su boca; Dijeron: ¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto! 22 Tú lo has visto, oh Señor; no calles; Señor, no te alejes de mí. 23 Muévete y despierta para mi juicio, Para mi causa, Dios mío y Señor mío. 24 Júzgame conforme a tu justicia, oh Señor Dios mío, Y no se alegren de mí. 25 No digan en su corazón: ¡Ea, alma nuestra! No digan: Lo hemos devorado. 26 Sean avergonzados y confundidos a una los que se alegran de mi mal; Séan vestidos de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí. 27 Canten y alégrense los que están a favor de mi justicia, Y digan siempre: Sea engrandecido el Señor, Que ama la paz de su siervo. 28 Y mi lengua hablará de tu justicia Y de tu alabanza todo el día.
Salmo 36
La maldad del impío y la bondad de Dios
1 La transgresión del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos. 2 Por lo cual se lisonjea en sus propios ojos, Hasta que su iniquidad sea hallada y aborrecida. 3 Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; Ha dejado de ser prudente y de hacer el bien. 4 Medita maldad en su cama; Se detiene en camino no bueno; No aborrece el mal. 5 Señor, hasta los cielos llega tu misericordia, Y tu fidelidad hasta las nubes. 6 Tu justicia es como los montes de Dios, Tus juicios, abismo grande. Oh Señor, al hombre y al animal salvas. 7 ¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas. 8 Serán ebrios de la grosura de tu casa, Y te abrevarás del torrente de tus delicias. 9 Porque contigo está el manantial de la vida; En tu luz veremos la luz. 10 Extiende tu misericordia a los que te conocen, Y tu justicia a los rectos de corazón. 11 No me alcance pie de soberbia, Y mano de impíos no me mueva. 12 Allí cayeron los hacedores de iniquidad; Fueron empujados, y no podrán levantarse.
Salmo 37
El camino de los impíos y la herencia de los justos
1 No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. 2 Porque como hierba serán pronto cortados, Y como la hierba verde se secarán. 3 Confía en el Señor, y haz el bien; Habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. 4 Deléitate asimismo en el Señor, Y él te concederá las peticiones de tu corazón. 5 Encomienda al Señor tu camino, Y confía en él; y he hará. 6 Y sacará tu justicia como la luz, Y tu derecho como el mediodía. 7 Guarda silencio ante el Señor, y espera en él; No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldad. 8 Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo. 9 Porque los malignos serán destruidos, Pero los que esperan en el Señor, ellos heredarán la tierra. 10 Pues de aquí a poco no existirá el malo; Buscarás su lugar, y no lo hallarás. 11 Pero los mansos heredarán la tierra, Y se recrearán con abundancia de paz. 12 Maquina el impío contra el justo, Y cruje contra él sus dientes. 13 El Señor se reirá de él; Porque ve que viene su día. 14 Los impíos desenvainan espada y tocan su arco, Para derribar al pobre y al menesteroso, Para matar a los de recto de caminar. 15 Mas su espada entrará en su mismo corazón, Y su arco será quebrado. 16 Mejor es lo poco del justo, Que las riquezas de muchos impíos. 17 Porque los brazos de los impíos serán quebrados; Mas el Señor sostiene a los justos. 18 Conoce el Señor los días de los íntegros, Y la heredad de ellos será para siempre. 19 No serán avergonzados en el mal tiempo, Y en los días de hambre serán saciados. 20 Mas los impíos perecerán, Y los enemigos del Señor como la grasa de los carneros Serán consumidos; se disiparán como humo. 21 El impío toma prestado, y no paga; Mas el justo tiene misericordia, y da. 22 Porque los benditos de él heredarán la tierra; Y los malditos de él serán cortados. 23 Por el Señor son ordenados los pasos del hombre, Y él aprueba su camino. 24 Cuando cayere, no quedará postrado, Porque el Señor sostiene su mano. 25 Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su simiente que mude pan. 26 De continuo tiene misericordia, y presta; Y su simiente es para bendición. 27 Apártate del mal, y haz el bien, Y vivirás para siempre. 28 Porque el Señor ama la rectitud, Y no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados; Mas la descendencia de los impíos será cortada. 29 Los justos heredarán la tierra, Y vivirán para siempre sobre ella. 30 La boca del justo habla sabiduría, Y su lengua habla justicia. 31 La ley de su Dios está en su corazón; Por tanto, sus pies no resbalarán. 32 Acecha el impío al justo, Y procura matarle. 33 El Señor no lo dejará en sus manos, Ni le condenará cuando fuere juzgado. 34 Espera en el Señor, y guarda su camino, Y él te exaltará para heredar la tierra; Cuando sean cortados los impíos, lo verás. 35 Vi yo al impío sumamente enaltecido, Y que se extendía como laurel verde. 36 Pero pasó, y he aquí ya no era; Lo busqué, y no se halló. 37 Considera al íntegro, y mira al justo; Porque hay un final dichoso para el hombre de paz. 38 Mas los transgresores serán todos a una destruidos; La posteridad de los impíos será extinguida. 39 Pero la salvación de los justos es del Señor, Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia. 40 El Señor los ayudará y los librará; Los libertará de los impíos, y los salvará, Por cuanto en él esperaron.
Salmo 38
Oración de un pecador penitente y afligido
1 Señor, no me reprendas en tu furor, Ni me castigues en tu ira. 2 Porque tus saetas cayeron sobre mí, Y sobre mí ha descendido tu mano. 3 No hay parte sana en mi carne a causa de tu ira; No hay paz en mis huesos a causa de mi pecado. 4 Porque mis iniquidades se han han sobrepasado mi cabeza; Como carga pesada se han ag gravado sobre mí. 5 Hieden y supuran mis llagas, A causa de mi locura. 6 Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, Ando enlutado todo el día. 7 Porque mis lomos están llenos de ardor, Y no hay parte sana en mi carne. 8 Estoy debilitado y molido en gran manera; Gimo a causa de la conmoción de mi corazón. 9 Señor, delante de ti están todos mis deseos, Y mi suspiro no te es oculto. 10 Mi corazón está turbado, me ha dejado mi vigor; Aun la luz de mis ojos se ha apagado de mí. 11 Mis amigos y mis compañeros se detienen frente a mi plaga, Y mis cercanos se han alejado. 12 Los que buscan mi vida arman lazo, Y los que procuran mi mal hablan iniquidades, Y meditan fraudes todo el día. 13 Mas yo, como sordo, no oía; Y era como mudo que no abre su boca. 14 Fui, pues, como un hombre que no oye, Y que en su boca no hay reprensiones. 15 Porque en ti, oh Señor, he esperado; Tú responderás, Señor Dios mío. 16 Dije: No se alegren de mí; Cuando mi pie resbale, no se engrandezcan contra mí. 17 Pero yo estoy a punto de caer, Y mi dolor está siempre delante de mí. 18 Por tanto, confesaré mi maldad, Y me contristaré por mi pecado. 19 Porque mis enemigos están vivos y fuertes, Y se han multiplicado los que me aborrecen sin causa. 20 Los que pagan mal por bien Me son contrarios, porque sigo lo bueno. 21 No me desampares, oh Señor; Dios mío, no te alejes de mí. 22 Apresúrate a socorrerme, Señor, mi salvación.
Salmo 39
La brevedad de la vida
1 Dije: Atenderé a mis caminos, Para no pecar con mi lengua; Guardaré mi boca con freno, Entre tanto que el impío esté delante de mí. 2 Enmudecí con silencio, callé aun de lo bueno; Y se agravó mi dolor. 3 Se encendió mi corazón dentro de mí; Mientras meditaba, se encendió fuego, Y así atiné con mi lengua: 4 Hazme saber, oh Señor, mi fin, Y cuál sea la medida de mis días; Seepa yo cuán frágil soy. 5 He aquí, diste a mis días término corto, Y mi edad es como nada delante de ti; Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Selah 6 Ciertamente como una sombra camina el hombre; Ciertamente en vano se afana; Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá. 7 Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti. 8 Líbrame de todas mis transgresiones; No me pongas por oprobio al insensato. 9 Enmudecí, no abrí mi boca; Porque tú lo hiciste. 10 Aparta de mí tu plaga; Soy consumido bajo los golpes de tu mano. 11 Con castigos corriges al hombre por su pecado, Y haces que se consuma como polilla su hermosura; Ciertamente vanidad es todo hombre. Selah 12 Oye mi oración, oh Señor, y escucha mi clamor; No calles ante mis lágrimas; Porque forastero soy para ti, y advenedizo, Como todos mis padres. 13 Dame tregua, y tomaré fuerzas, Antes que vaya a la sepultura y perezca.
Salmo 40
Esperanza y acción de gracias
1 Pacientemente esperé al Señor, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. 2 Y me sacó del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. 3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en el Señor. 4 Bienaventurado el hombre que puso en el Señor su confianza, Y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira. 5 Has aumentado, oh Señor Dios mío, tus maravillas; Y tus pensamientos para con nosotros, No es posible contarlos ante ti. Si los anunciare y hablare de ellos, Son más de lo que puede contarse. 6 Sacrificio y ofrenda no te agrada; Has abierto mis oídos; Holocausto y expiación no has demandado. 7 Entonces dije: He aquí, vengo; En el rollito del libro está escrito de mí; 8 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mis entrañas. 9 He anunciado justicia en grande congregación; He aquí, no refrené mis labios, Señor, tú lo sabes. 10 No encubrí tu justicia dentro de mi corazón; He publicado tu fidelidad y tu salvación; No oculté tu misericordia y tu verdad en grande congregación. 11 Tú, oh Señor, no retengas de mí tus misericordias; Tu misericordia y tu verdad me guarden siempre. 12 Porque me han rodeado males sin número; Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista; Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me desampara. 13 Quédese, oh Señor, el librarme; Apresúrate, oh Señor, a socorrerme. 14 Sean avergonzados y confundidos a una los que buscan mi vida para destruirla; Vuelvan atrás y sean avergonzados los que mi mal desean. 15 Sean asolados en pago de su afrenta los que me dicen: ¡Ea, ea! 16 Gocense y alégrense en ti todos los que te buscan, Y digan siempre los que aman tu salvación: Engrandecido sea el Señor. 17 Aunque afligido yo y necesitado, El Señor pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.