Todos los Salmos de la Biblia (1 al 150)

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Salmo 41
Sagradas Escrituras

Salmo 41

Dichoso el que cuida del pobre

1 Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará el Señor. 2 El Se...

Salmo 42
Sagradas Escrituras

Salmo 42

Sed de Dios en la tribulación

1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Clama así por ti, oh Dios, el a...

Salmo 43
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Salmo 43

Oración pidiendo defensa y luz

1 Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa de gente impía; Líbrame del hombre engañador e ...

Salmo 44
Sagradas Escrituras

Salmo 44

Lamentación nacional y súplica en la calamidad

1 Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, Nuestros padres nos han contado, La obra que ...

Salmo 45
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Salmo 45

Cantar de bodas para el rey

1 Rebosó mi corazón palabra buena; Dirijo al rey mi obra; Mi lengua es pluma de escribi...

Salmo 46
Sagradas Escrituras

Salmo 46

Dios es nuestro amparo y fortaleza

1 Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 2 Po...

Salmo 47
Sagradas Escrituras

Salmo 47

Dios es el Rey de toda la tierra

1 Pueblos todos, batid las manos; Aclamad a Dios con voz de júbilo. 2 Porque el Señor A...

Salmo 48
Sagradas Escrituras

Salmo 48

La grandeza y la hermosura de Sion

1 Grande es el Señor, y digno de ser alabado en gran manera En la ciudad de nuestro Dio...

Salmo 49
Sagradas Escrituras

Salmo 49

La vanidad de las riquezas humanas

1 Oíd esto, pueblos todos; Escuchad, habitantes todos del mundo, 2 Así los plebeyos com...

Salmo 50
Sagradas Escrituras

Salmo 50

El juicio de Dios sobre los hombres

1 El Dios de dioses, el Señor, ha hablado, Y ha convocado la tierra, Desde el nacimient...

Salmo 41
Dichoso el que cuida del pobre
1 Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará el Señor. 2 El Señor lo guardará, y le dará vida; Será bienaventurado en la tierra, Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. 3 El Señor lo sustentará sobre el lecho del dolor; Mullirás toda su cama en su enfermedad. 4 Yo dije: Señor, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado. 5 Mis enemigos dicen mal de mí, preguntando: ¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre? 6 Y si vienen a verme, hablan mentira; Su corazón se recoge iniquidad, Y saliendo fuera, la divulgan. 7 Murmuran contra mí juntos todos los que me aborrecen; Contra mí idean mal, diciendo: 8 Cosa pestilencial se ha apoderado de él; Y el que cayó en cama no volverá a levantarse. 9 Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, de quien comía mi pan, Alzó contra mí su calcañar. 10 Mas tú, oh Señor, ten misericordia de mí, y levántame, Y yo les pagaré. 11 En esto sé que te he agradado, Que mi enemigo no se huelgue de mí. 12 En cuanto a mí, en mi integridad me has sostenido, Y me has hecho estar delante de ti para siempre. 13 Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, Desde el siglo y hasta el siglo. Amén y Amén.
Salmo 42
Sed de Dios en la tribulación
1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Clama así por ti, oh Dios, el alma mía. 2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? 3 Mis lágrimas han sido mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? 4 Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, anduve con ellos hasta la casa de Dios, Con voz de alegría y de alabanza, en el pueblo en fiesta. 5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. 6 Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte Mizar. 7 Abismo llama a abismo a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. 8 De día mandará el Señor su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida. 9 Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo? 10 Como con espada en mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome todos los días: ¿Dónde está tu Dios? 11 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.
Salmo 43
Oración pidiendo defensa y luz
1 Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa de gente impía; Líbrame del hombre engañador e inicuo. 2 Pues que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado? ¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo? 3 Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán; Me conducirán a tu monte santo, Y a tus moradas. 4 Entraré al altar de Dios, Al Dios de mi alegría y de mi gozo; Y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío. 5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.
Salmo 44
Lamentación nacional y súplica en la calamidad
1 Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, Nuestros padres nos han contado, La obra que hiciste en sus días, En los tiempos antiguos. 2 Tú con tu mano echaste a las naciones, y los plantaste a ellos; Afligiste a los pueblos, y los arrojaste. 3 Porque no se apoderaron de la tierra por su espada, Ni su brazo les salvó; Sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, Porque te complaciste en ellos. 4 Tú eres mi Rey, oh Dios; Manda salvación a Jacob. 5 Por medio de ti arrojaremos a nuestros enemigos; En tu nombre pisotearemos a los que se levantaron contra nosotros. 6 Porque no confiaré en mi arco, Ni mi espada me salvará; 7 Pues tú nos has salvado de nuestros enemigos, Y has avergonzado a los que nos aborrecían. 8 En Dios nos gloriaremos todo el tiempo, Y para siempre alabaremos tu nombre. Selah 9 Pero nos has desechado, y nos has hecho avergonzar, Y no sales con nuestros ejércitos. 10 Nos hiciste volver atrás delante del enemigo, Y nuestros que nos aborrecen se despojan para sí. 11 Nos entregaste como ovejas al matadero, Y nos has esparcido entre las naciones. 12 Has vendido a tu pueblo de balde; No exigiste mucho por ellos. 13 Nos pusiste por oprobio a nuestros vecinos, Por escarnio y por burla a los que nos rodean. 14 Nos pusiste por refrán entre las naciones, Por objeto de meneo de cabeza entre los pueblos. 15 Todo el día mi vergüenza está delante de mí, Y la confusión de mi rostro me cubre, 16 Por la voz del que afrenta y que blasphema, A causa del enemigo y del vengativo. 17 Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti, Y no hemos faltado a tu pacto. 18 No se ha vuelto atrás nuestro corazón, Ni se han apartado nuestros pasos de tus caminos, 19 Para que nos quebrantases en el lugar de chacales, Y nos cubrieses con sombra de muerte. 20 Si nos hubiésemos olvidado del nombre de nuestro Dios, O alzado nuestras manos a dios ajeno, 21 ¿No demandaría Dios esto? Porque él conoce los secretos del corazón. 22 Pero por causa de ti nos matan cada día; Somos contados como ovejas para el matadero. 23 Despierta; ¿por qué duermes, oh Señor? Despierta, no te alejes para siempre. 24 ¿Por qué escondes tu rostro, Y te acuerdas de nuestra aflicción y de nuestra opresión? 25 Porque nuestra alma está agobiada hasta el polvo, Y nuestro cuerpo está postrado hasta la tierra. 26 Levántate para ayudarnos, Y redímenos por causa de tu misericordia.
Salmo 45
Cantar de bodas para el rey
1 Rebosó mi corazón palabra buena; Dirijo al rey mi obra; Mi lengua es pluma de escribiente muy rápido. 2 Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; La gracia se derramó en tus labios; Por tanto, Dios te ha bendecido para siempre. 3 Ciñe tu espada sobre tu muslo, oh valiente, Con tu gloria y con tu majestad. 4 Y en tu majestad caballo a la victoria, A causa de la verdad, de la mansedumbre y de la justicia; Y tu diestra te enseñará cosas terribles. 5 Tus saetas agudas, con las que caerán pueblos debajo de ti, Penetrarán en el corazón de los enemigos del rey. 6 Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; Vara de justicia es la vara de tu reino. 7 Has amado la justicia y aborrecido la maldad; Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros. 8 Mirra, áloe y casia huelen todos tus vestidos; Desde palacios de marfil los alegran. 9 Hijas de reyes están entre tus honorables; La reina está a tu diestra con oro de Ofir. 10 Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; Olvida a tu pueblo, y la casa de tu padre; 11 Y deseará el rey tu hermosura; Porque él es tu señor, adorale. 12 Y las hijas de Tiro vendrán con presentes; Implorarán tu favor los ricos del pueblo. 13 Toda gloriosa es la hija del rey en su morada; De brocados de oro es su vestido. 14 Con vestidos bordados será llevada al rey; Las virgenes compañeras suyas que la acompañan Serán traídas a ti. 15 Serán traídas con alegría y gozo; Entrarán en el palacio del rey. 16 En lugar de tus padres serán tus hijos, A quienes harás príncipes en toda la tierra. 17 Haré memorable tu nombre en todas las generaciones; Por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre.
Salmo 46
Dios es nuestro amparo y fortaleza
1 Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se trasladen los montes al corazón del mar; 3 Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah 4 Del río las corrientes alegran la ciudad de Dios, El santuario de las moradas del Altísimo. 5 Dios está en medio de ella; no será conmovida; Dios la ayudará al clarear la mañana. 6 Bramaron las naciones, titubearon los reinos; Dio él su voz, se derritió la tierra. 7 El Señor de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah 8 Venid, ved las obras del Señor, Que ha puesto desolaciones en la tierra. 9 Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra; Que quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros en el fuego. 10 Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. 11 El Señor de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah
Salmo 47
Dios es el Rey de toda la tierra
1 Pueblos todos, batid las manos; Aclamad a Dios con voz de júbilo. 2 Porque el Señor Altísimo es temible; Rey grande sobre toda la tierra. 3 Él someterá a los pueblos debajo de nosotros, Y a las naciones debajo de nuestros pies. 4 Él nos elegirá nuestra heredad, La hermosura de Jacob, a quien amó. Selah 5 Subió Dios con aclamación, El Señor con sonido de trompeta. 6 Cantad a Dios, cantad; Cantad a nuestro Rey, cantad. 7 Porque Dios es el Rey de toda la tierra; Cantad con inteligencia. 8 Dios reina sobre las naciones; Se sentó Dios sobre su santo trono. 9 Los príncipes de los pueblos se reunieron Como pueblo del Dios de Abraham; Porque de Dios son los escudos de la tierra; Él es muy exaltado.
Salmo 48
La grandeza y la hermosura de Sion
1 Grande es el Señor, y digno de ser alabado en gran manera En la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo. 2 Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra es el monte de Sion, A los lados del norte, la ciudad del gran Rey. 3 Dios en sus palacios es conocido por refugio. 4 Porque he aquí los reyes se reunieron; Pasaron a una. 5 Los vieron, y así se maravillaron; Se turbaron, se apresuraron a huir. 6 Les tomó allí temblor; Dolor como de mujer que da a luz. 7 Con viento solano quiebras tú Las naves de Tarsis. 8 Como lo oímos, así lo hemos visto En la ciudad del Señor de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios; La confirmará Dios para siempre. Selah 9 Hicimos memoria de tu misericordia, oh Dios, En medio de tu templo. 10 Conforme a tu nombre, oh Dios, Así es tu alabanza hasta los fines de la tierra; Llena está tu diestra de justicia. 11 Alégrese el monte de Sion; Goécense las hijas de Judá por tus juicios. 12 Andad alrededor de Sion, y rodeadla; Contad sus torres. 13 Poned vuestro corazón en su baluarte, Mirad sus palacios, Para que lo contéis a la generación venidera. 14 Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; Él nos guiará más allá de la muerte.
Salmo 49
La vanidad de las riquezas humanas
1 Oíd esto, pueblos todos; Escuchad, habitantes todos del mundo, 2 Así los plebeyos como los nobles, El rico y el pobre juntamente. 3 Mi boca hablará sabiduría, Y el pensamiento de mi corazón inteligencia. 4 Inclinaré al proverbio mi oído; Abriré con el arpa mi enigma. 5 ¿Por qué he de temer en los días de maldad, Cuando la iniquidad de mis opresores me rodearé? 6 Los que confían en sus bienes, Y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, 7 Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, Ni dar a Dios su rescate 8 (Porque la redención de su vida es de gran precio, Y no se logrará jamás), 9 Para que viva en adelante para siempre, Y nunca vea sepultura. 10 Pues se ve que mueren los sabios, Así el necio y el insensato perecen juntos, Y dejan a otros sus riquezas. 11 Su pensamiento es que sus casas serán eternas, Y sus habitaciones para generación y generación; Daban sus nombres a sus tierras. 12 Mas el hombre no permanecerá en honra; Es semejante a las bestias que perecen. 13 Este su camino es su locura; Con todo, sus descendientes se complacen en el dicho de ellos. Selah 14 Como rebaños serán puestos en el Seol; La muerte los pastoreará, Y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana; Y se consumirá su buen parecer, y el Seol será su morada. 15 Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, Porque él me tomará consigo. Selah 16 No temas cuando se enriquece alguno, Cuando aumenta la gloria de su casa; 17 Porque cuando muera no llevará nada, Ni descenderá su gloria tras él. 18 Aunque mientras viva, felicite a su alma, Y te alaben porque lo has pasado bien, 19 Vendrá a la generación de sus padres, Y nunca más verá la luz. 20 El hombre que está en honra y no entiende, Es semejante a las bestias que perecen.
Salmo 50
El juicio de Dios sobre los hombres
1 El Dios de dioses, el Señor, ha hablado, Y ha convocado la tierra, Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone. 2 Desde Sion, perfección de hermosura, Dios ha resplandecido. 3 Vendrá nuestro Dios, y no callará; Fuego consumirá delante de él, Y tempestad poderosa le rodeará. 4 Convocará a los cielos de arriba, Y a la tierra, para juzgar a su pueblo: 5 Juntadme a mis santos, Los que hicieron pacto conmigo con sacrificio. 6 Y los cielos declararán su justicia, Porque Dios es el juez. Selah 7 Oye, pueblo mío, y hablaré; Escucha, Israel, y testificaré contra ti: Dios, el Dios tuyo soy yo. 8 No te reprenderé por tus sacrificios, Ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de mí. 9 No tomaré de tu casa becerros, Ni machos cabríos de tus apriscos. 10 Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los montes. 11 Conozco todas las aves de los montes, Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. 12 Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud. 13 ¿He de comer yo carne de toros, O de beber sangre de machos cabríos? 14 Ofrece a Dios sacrificio de alabanza, Y paga tus votos al Altísimo; 15 E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás. 16 Pero al impío dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, Y que tomar mi pacto en tu boca? 17 Pues tú aborreces la corrección, Y echas a tus espaldas mis palabras. 18 Si veías al ladrón, corrías con él, Y con los adúlteros era tu parte. 19 Tu boca metías en mal, Y tu lengua enredaba engaño. 20 Sentabas y hablabas contra tu hermano; Contra el hijo de tu madre ponías infamia. 21 Estas cosas hiciste, y yo callé; Pensabas que de cierto sería yo como tú; Pero te reprenderé, y te las pondré delante de tus ojos. 22 Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, No sea que yo os despedace, y no haya quien os libre. 23 El que sacrifica alabanza me honrará; Y al que ordenare su camino, Le mostraré la salvación de Dios.