Todos los Salmos de la Biblia (1 al 150)

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Salmo 71
Sagradas Escrituras

Salmo 71

Oración de un anciano

1 En ti, oh Señor, he confiado; no sea yo avergonzado jamás. 2 Con tu justicia franquea...

Salmo 72
Sagradas Escrituras

Salmo 72

El reinado de justicia y paz del Mesías

1 Oh Dios, da tus juicios al rey, Y tu justicia al hijo del rey. 2 Él juzgará a tu pueb...

Salmo 73
Sagradas Escrituras

Salmo 73

La prosperidad de los impíos y el destino final de los justos

1 Ciertamente es bueno Dios para con Israel, Para con los limpios de corazón. 2 En cuan...

Salmo 74
Sagradas Escrituras

Salmo 74

Lamentación por la destrucción del santuario

1 ¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre? ¿Por qué se ha encendido tu torpez...

Salmo 75
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Salmo 75

Dios es el juez supremo

1 Te alabamos, oh Dios, te alabamos, Por cuanto cercano está tu nombre; Los hombres cue...

Salmo 76
Sagradas Escrituras

Salmo 76

Dios es temible en Sion

1 Dios es conocido en Judá; Grande es su nombre en Israel. 2 Y su tabernáculo estuvo en...

Salmo 77
Sagradas Escrituras

Salmo 77

Consuelo en el recuerdo de las grandes obras de Dios

1 Con mi voz clamé a Dios, A Dios clamé, y él me escuchará. 2 Al Señor busqué en el día...

Salmo 78
Sagradas Escrituras

Salmo 78

Lecciones de la historia de Israel

1 Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. 2 Abrir...

Salmo 79
Sagradas Escrituras

Salmo 79

Lamentación por la destrucción de Jerusalén

1 Oh Dios, las naciones vinieron a tu heredad; Han profanado tu santo templo; Han reduc...

Salmo 80
Sagradas Escrituras

Salmo 80

Oración por la restauración de Israel

1 Oh Pastor de Israel, escucha; Tú que pastoreas a José como a ovejas, Tú que estás ent...

Salmo 71
Oración de un anciano
1 En ti, oh Señor, he confiado; no sea yo avergonzado jamás. 2 Con tu justicia franqueame y líbrame; Inclina a mí tu oído, y sálvame. 3 Sé tú mi roca de refugio, adonde recurra yo continuamente. Tú has dado mandamiento para salvarme, Porque tú eres mi roca y mi fortaleza. 4 Dios mío, líbrame de la mano del impío, De la mano del injusto y violento. 5 Porque tú eres mi esperanza, oh Señor Dios; Tu seguridad es mi confianza desde mi juventud. 6 En ti he sido sostenido desde el vientre; De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó; De ti será siempre mi alabanza. 7 Como prodigio he sido a muchos, Y tú eres mi refugio fuerte. 8 Llena está mi boca de tu alabanza, De tu gloria todo el día. 9 No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza desmayare, no me desampares. 10 Porque mis enemigos hablan contra mí, Y los que acechan mi alma consultaron juntos, 11 Diciendo: Dios le ha desamparado; Perseguidle y tomadle, porque no hay quien le libre. 12 Oh Dios, no te alejes de mí; Dios mío, acude pronto a mi socorro. 13 Sean avergonzados, perezcan los adversarios de mi alma; Cúbranse de oprobio y de confusión los que buscan mi mal. 14 Mas yo esperaré siempre, Y te alabaré más y más. 15 Mi boca publicará tu justicia Y tu salvación todo el día, Aunque no sé el número de ellas. 16 Id tendré poder de las proezas del Señor Dios; Haré mención de tu justicia, de la tuya sola. 17 Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, Y hasta ahora he manifestado tus maravillas. 18 Aun hasta la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, Hasta que anuncie tu poder a la posteridad, A todos los que han de venir, tu potencia. 19 Y tu justicia, oh Dios, hasta lo alto; Has hecho grandes cosas; oh Dios, ¿quién como tú? 20 Tú, que me has hecho ver muchos males y angustias, Volverás a darme vida, Y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra. 21 Aumentarás mi grandeza, Y volverás a consolarme. 22 Asimismo yo te alabaré con instrumento de salterio, Oh Dios mío; tu verdad cantaré a ti con arpa, Oh Santo de Israel. 23 Mis labios se alegrarán cuando cante a ti, Y mi alma, a la cual redimiste. 24 Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día; Por cuanto fueron avergonzados, porque fueron confundidos los que mi mal procuraban.
Salmo 72
El reinado de justicia y paz del Mesías
1 Oh Dios, da tus juicios al rey, Y tu justicia al hijo del rey. 2 Él juzgará a tu pueblo con justicia, Y a tus afligidos con juicio. 3 Los montes llevarán paz al pueblo, Y los collados justicia. 4 Juzgará a los afligidos del pueblo, Salvará a los hijos del menesteroso, Y aplastará al opresor. 5 Te temerán mientras duren el sol y la luna, Por generación de generaciones. 6 Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; Como el rocío que destila sobre la tierra. 7 Florecerá en sus días justicia, Y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. 8 Dominará de mar a mar, Y desde el río hasta los confines de la tierra. 9 Ante él se postrarán los etíopes, Y sus enemigos lamerán el polvo. 10 Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; Los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones. 11 Todos los reyes se postrarán delante de él; Todas las naciones le servirán. 12 Porque él librará al menesteroso que clamare, Y al afligido que no tuviere quien le socorra. 13 Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, Y salvará la vida de los pobres. 14 De engaño y de violencia redimirá sus almas, Y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos. 15 Y vivirá, y se le dará del oro de Sabá, Y se orará por él continuamente; Todo el día se le bendecirá. 16 Habrá puñados de grano en la tierra, en las cumbres de los montes; Su fruto temblará como el Líbano, Y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra. 17 Su nombre será para siempre; Se perpetuará su nombre mientras dure el sol. Características en él serán benditas todas las naciones; Lo llamarán bienaventurado. 18 Bendito el Señor Dios, el Dios de Israel, El único que hace maravillas. 19 Bendito su nombre glorioso para siempre, Y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén. 20 Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Jesé.
Salmo 73
La prosperidad de los impíos y el destino final de los justos
1 Ciertamente es bueno Dios para con Israel, Para con los limpios de corazón. 2 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. 3 Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos. 4 Porque no hay congojas para su muerte; Sino que su cuerpo está robusto. 5 No pasan trabajos como los otros mortales, Ni son azotados como los demás hombres. 6 Por tanto, la soberbia los corona; Se cubren de violencia como de ropa. 7 Los ojos se les saltean de gordura; Logran los antojos del corazón. 8 Se burlan y hablan con maldad de hacer opresión; Hablan con altanería. 9 Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua pasea la tierra. 10 Por tanto, el pueblo de Dios vuelve aquí, Y aguas en abundancia son extraídas para ellos. 11 Y dicen: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y hay conocimiento en el Altísimo? 12 He aquí estos impíos, Sin turbación del mundo, aumentaron sus riquezas. 13 Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, Y lavado mis manos en inocencia; Pues he sido azotado todo el día, Y castigado todas las mañanas. 14 Si dijera yo: Hablaré como ellos, He aquí, a la generación de tus hijos traicionaría. 15 Cuando pensé para saber esto, Fue trabajo duro para mí, 16 Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos. 17 Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. 18 ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores. 19 Como sueño después de despertar, Oh Señor, cuando despiertes, menospreciarás su apariencia. 20 Se llenó de amargura mi corazón, Y en mis entrañas sentía punzadas. 21 Tan necio era yo, que no entendía; Era como una bestia delante de ti. 22 Con todo, yo siempre estuve contigo; Me tomaste de la mano derecha. 23 Me has guiado según tu consejo, Y después me recibirás en gloria. 24 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. 25 Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. 26 Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; Tú destruyes a todo aquel que se aparta de ti con ramería. 27 Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en el Señor Dios mi esperanza, Para contar todas tus obras.
Salmo 74
Lamentación por la destrucción del santuario
1 ¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre? ¿Por qué se ha encendido tu torpeza contra las ovejas de tu prado? 2 Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde los tiempos antiguos, La que redimiste para hacerla la tribu de tu heredad; Este monte Sion, donde has habitado. 3 Haz andar tus pasos hacia los asolamientos perpetuos, A todo el mal que el enemigo ha hecho en el santuario. 4 Tus enemigos han bramado en medio de tus asambleas; Han puesto sus por señales por enseñas. 5 Se hacían notar como los que levantan hachas en un espesor de árboles. 6 Y ahora con hachas y martillos han derribado todas sus esculturas a una. 7 Han puesto a fuego tu santuario; Han profanado el tabernáculo de tu nombre, echándolo a la tierra. 8 Dijeron en su corazón: Destruyámoslos a una; Han quemado todas las fiestas solemnes de Dios en la tierra. 9 No vemos ya nuestras señales; No hay más profeta, Ni hay entre nosotros quien sepa hasta cuándo. 10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, afrentará el adversario? ¿Habrá de blasfemar el enemigo tu nombre para siempre? 11 ¿Por qué retiras tu mano, tu diestra? Sácala de en medio de tu seno para destruirlos. 12 Pero Dios es mi rey desde tiempos antiguos; El que obra salvación en medio de la tierra. 13 Tú dividiste el mar con tu poder; Quebrantaste cabezas de monstruos en las aguas. 14 Heriste las cabezas del leviatán; Lo diste por comida al pueblo del desierto. 15 Tú abriste la fuente y el arroyo; Tú secaste ríos impetuosos. 16 Tuyo es el día, tuya también es la noche; Tú preparaste la lumbrera y el sol. 17 Tú estableciste todos los términos de la tierra; El verano y el invierno tú los formaste. 18 Acuérdate de esto: que el enemigo ha afrentado al Señor, Y pueblo insensato ha blasfemado tu nombre. 19 No entregues a las fieras el alma de tu tórtola; No olvides para siempre la grey de tus afligidos. 20 Mira al pacto, Porque las tinieblas de la tierra están llenas de habitaciones de violencia. 21 No vuelva avergonzado el abatido; El afligido y el menesteroso alabarán tu nombre. 22 Levántate, oh Dios, defiende tu causa; Acuérdate de cómo el insensato te afrenta todo el día. 23 No olvides la voz de tus enemigos; El alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente.
Salmo 75
Dios es el juez supremo
1 Te alabamos, oh Dios, te alabamos, Por cuanto cercano está tu nombre; Los hombres cuentan tus maravillas. 2 Cuando Ilegue el tiempo, Yo juzgaré rectamente. 3 Se debatió la tierra y todos sus moradores; Yo sostengo sus columnas. Selah 4 Dije a los insensatos: No os ensoberbezcáis; Y a los impíos: No levantéis el cuerno. 5 No levantéis en alto vuestro cuerno; No habléis con cerviz dura. 6 Porque ni del oriente ni del occidente, Ni del desierto viene el enaltecimiento. 7 Mas Dios es el juez; A éste abate, y a aquél enaltece. 8 Porque el cáliz está en la mano del Señor, y el vino está fermentado, Lleno de mezcla; y él derrama de él; Ciertamente los impíos de la tierra exprimirán y se beberán las heces. 9 Pero yo anunciaré esto para siempre; Cantaré salmos al Dios de Jacob. 10 Quebrantaré todos los cuernos de los impíos; Pero los cuernos del justo serán exaltados.
Salmo 76
Dios es temible en Sion
1 Dios es conocido en Judá; Grande es su nombre en Israel. 2 Y su tabernáculo estuvo en Salem, Y su morada en Sion. 3 Allí quebró las saetas del arco, El escudo, la espada y las armas de guerra. Selah 4 Glorioso eres tú, más fuerte que los montes de caza. 5 Los fuertes de corazón fueron despojados, Dormiraron su sueño; Y ninguno de los hombres fuertes halló sus manos. 6 A tu amonestación, oh Dios de Jacob, Tanto carro como caballo cayeron en profundo sueño. 7 Tú, temible eres tú; ¿Y quién podrá estar en pie delante de ti en el momento de tu ira? 8 Desde los cielos hiciste oír juicio; La tierra temió y quedó en silencio, 9 Cuando te levantaste, oh Dios, para el juicio, Para salvar a todos los mansos de la tierra. Selah 10 Ciertamente la ira del hombre te alabará; Tú te ceñirás con el resto de las iras. 11 Haced votos al Señor vuestro Dios, y cumplidlors; Todos los que están alrededor de él traigan ofrendas al Temible. 12 Cortará el espíritu de los príncipes; Temible es a los reyes de la tierra.
Salmo 77
Consuelo en el recuerdo de las grandes obras de Dios
1 Con mi voz clamé a Dios, A Dios clamé, y él me escuchará. 2 Al Señor busqué en el día de mi angustia; Mi mano alzaba de noche sin desmayar; Mi alma rehusaba consuelo. 3 Me acordaba de Dios, y me turbaba; Hablaba yo, y desfallecía mi espíritu. Selah 4 No dejabas pegar mis ojos a mis párpados; Estaba yo tan turbado, que no podía hablar. 5 Consideraba los días antiguos, Los años de los tiempos pasados. 6 Acordábame de mis cánticos de noche; Meditaba en mi corazón, Y mi espíritu escudriñaba. 7 ¿Desechará el Señor para siempre, Y no volverá a sernos propicio más? 8 ¿Hablase cesado para siempre su misericordia? ¿Se habrá acabado perpetuamente la palabra de generación en generación? 9 ¿Habrá olvidado Dios el tener misericordia? ¿Habrá encerrado con ira sus piedades? Selah 10 Y dije: Enfermedad mía es esta; Traeré a la memoria los años de la diestra del Altísimo. 11 Acordaré de las obras del Señor; Sí, haré memoria de tus maravillas antiguas. 12 Meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos. 13 Oh Dios, santo es tu camino; ¿Qué dios es grande como nuestro Dios? 14 Tú eres el Dios que hace maravillas; Hiciste notoria tu fuerza en los pueblos. 15 Con tu brazo redimiste a tu pueblo, A los hijos de Jacob y de José. Selah 16 Viéronte las aguas, oh Dios; Viéronte las aguas, y temblaron; Los abismos también se estremecieron. 17 Las nubes derramaron inundaciones de aguas; Trueron los cielos, Y anidaron tus saetas por todas partes. 18 La voz de tu trueno fue en el torbellino; Los relámpagos alumbraron el mundo; Se estremeció y tembló la tierra. 19 En el mar fue tu camino, Y tus sendas en las muchas aguas; Y tus pisadas no fueron conocidas. 20 Condujiste a tu pueblo como a ovejas, Por mano de Moisés y de Aarón.
Salmo 78
Lecciones de la historia de Israel
1 Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. 2 Abriré mi boca en proverbios; Haré hablar cosas ocultas desde tiempos antiguos, 3 Las cuales hemos oído y entendido, Y nuestros padres nos las han contado. 4 No las encubriremos a sus hijos, Contando a la generación venidera las alabanzas del Señor, Y su poder, y las maravillas que hizo. 5 Él estableció testimonio en Jacob, Y puso ley en Israel, La cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos; 6 Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán, lo cuenten a sus hijos, 7 A fin de que pongan en Dios su confianza, Y no se olviden de las obras de Dios, Sino guarden sus mandamientos; 8 Y no sean como sus padres, Generación contumaz y rebelde; Generación que no dispuso su corazón, Ni fue fiel para con Dios su espíritu. 9 Los hijos de Efraín, arqueros bientreinados, Volvieron las espaldas en el día de la batalla. 10 No guardaron el pacto de Dios, Ni quisieron andar en su ley; 11 Sino que se olvidaron de sus obras, Y de sus maravillas que les había mostrado. 12 Delante de sus padres hizo maravillas En la tierra de Egipto, en el campo de Zoán. 13 Dividió el mar y los hizo pasar; E hizo detener las aguas como un montón. 14 Guióles con nube de día, Y toda la noche con resplandor de fuego. 15 Rendió las peñas en el desierto, Y les dio beber como de grandes abismos. 16 Sacó corrientes de la peña, Y hizo descender aguas como ríos. 17 Pero aun volvieron a pecar contra él, Rebelándose contra el Altísimo en el desierto. 18 Pues tentaron a Dios en su corazón, Pidiendo comida para su gusto. 19 Y hablaron contra Dios, Diciendo: ¿Podrá Dios poner mesa en el desierto? 20 He aquí hirió la peña, y brotaron aguas, Y torrentes inundaron la tierra; ¿Podrá también dar pan? ¿Preparará carne para su pueblo? 21 Por tanto, oyó el Señor, y se enojó; Y se encendió fuego contra Jacob, Y el furor subió también contra Israel, Por cuanto no creyeron a Dios, Ni confiaron en su salvación. 22 Y mandó a las nubes de arriba, Y abrió las puertas de los cielos, 23 E hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, Y les dio trigo de los cielos. 24 Pan de nobles comió el hombre; Les envió comida hasta la saciedad. 25 Hizo soplar el solano en el cielo, Y trajo con su poder el viento del sur. 26 E hizo llover sobre ellos carne como polvo, Y aves aladas como la arena del mar. 27 Las hizo caer en medio del campamento, Alrededor de sus moradas. 28 Comieron, y se saciaron bien; Les cumplió, pues, su deseo. 29 No se habían apartado de su deseo, Aún estaba la comida en su boca, 30 Cuando vino sobre ellos la ira de Dios, Y mató a los más robustos de ellos, Y humilló a los escogidos de Israel. 31 Con todo esto, pecaron aún, Y no creyeron sus maravillas. 32 Por tanto, consumió sus días en vanidad, Y sus años en tribulación. 33 Si los mataba, entonces buscaban a Dios; Entonces volvían solícitos a buscar a Dios. 34 Y se acordaban de que Dios era su refugio, Y el Dios Altísimo su redentor. 35 Pero los lisonjeaban con su boca, Y con su lengua le mentían. 36 Pues su corazón no era recto con él, Ni estuvieron firmes en su pacto. 37 Pero él, misericordioso, perdonó la maldad, y no los destruyó; Y muchas veces apartó su ira, Y no despertó todo su enojo. 38 Se acordó de que eran carne, Soplo que va y no vuelve. 39 ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, Lo enojaron en la soledad! 40 Y volvían, y tentaban a Dios, Y provocaban al Santo de Israel. 41 No se acordaron de su mano, Del día que los redimió del angustiador; 42 Cómo puso en Egipto sus señales, Y sus maravillas en el campo de Zoán; 43 Y volvió sus ríos en sangre, Y sus corrientes, para que no bebiesen. 44 Envió entre ellos hannas que los devoraban, Y ranas que los destruían. 45 Dio también a la oruga sus frutos, Y sus labores a la langosta. 46 Destruyó sus viñas con granizo, Y sus higuerales con piedra. 47 Entregó al granizo sus bestias, Y sus ganados a los rayos. 48 Envió sobre ellos el ardor de su ira; Enojo, indignación y angustia, Un envío de ángeles destructores. 49 Dispuso camino a su ira; No eximió la vida de ellos de la muerte, Sino que entregó la vida de ellos a la pestilencia. 50 E hirió a todo primogénito en Egipto, Las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam. 51 Hizo salir a su pueblo como ovejas, Y los guió por el desierto como a un rebaño. 52 Los guió con seguridad, de modo que no temieron; Y el mar cubrió a sus enemigos. 53 Los llevó después a las fronteras de su santuario, A este monte que ganó su diestra. 54 Echó las naciones de delante de ellos; Las repartió por suerte en heredad, E hizo habitar en sus tiendas a las tribus de Israel. 55 Pero tentaron y provocaron al Dios Altísimo, Y no guardaron sus testimonios; Sino que se volvieron y se rebelaron como sus padres; Se desviaron como arco engañoso. 56 Lo enojaron con sus lugares altos, Y le provocaron a celo con sus imágenes de talla. 57 Lo oyó Dios y se enojó, Y en gran manera aborreció a Israel. 58 Dejó, por tanto, el tabernáculo de Silo, La tienda en que habitó entre los hombres. 59 Entregó en cautiverio su poder, Y su gloria en mano del enemigo. 60 Entregó también su pueblo a la espada, Y se airó contra su heredad. 61 El fuego devoró a sus jóvenes, Y sus vírgenes no fueron loadas en bodas. 62 Sus sacerdotes cayeron a espada, Y sus viudas no hicieron lamentación. 63 Entonces despertó el Señor como quien duerme, Como un valiente que grita desmayado del vino. 64 Y hirió a sus enemigos en las partes posteriores; Los puso por afrenta perpetua. 65 Desechó la tienda de José, Y no escogió a la tribu de Efraín, 66 Sino que escogió a la tribu de Judá, Aquel monte Sion, que amó. 67 Y edificó su santuario a manera de altura, Como la tierra que cimentó para siempre. 68 Eligió a David su siervo, Y lo tomó de las majadas de las ovejas; 69 De tras las paridas lo trajo, Para apacentar a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad. 70 Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón; Los guió con la pericia de sus manos.
Salmo 79
Lamentación por la destrucción de Jerusalén
1 Oh Dios, las naciones vinieron a tu heredad; Han profanado tu santo templo; Han reducido a Jerusalén a escombros. 2 Han dado los cuerpos de tus siervos por comida a las aves del cielo, La carne de tus santos a las bestias de la tierra. 3 Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusalén, Y no hubo quien los enterrase. 4 Hemos venido a ser oprobio de nuestros vecinos, Escarnio y burla de los que nos rodean. 5 ¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Estarás airado para siempre? ¿Se encenderá tu celo como fuego? 6 Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen, Y sobre los reinos que no invocan tu nombre. 7 Porque han devorado a Jacob, Y han asolado su morada. 8 No te acuerdes contra nosotros de las iniquidades de nuestros antepasados; Vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, Porque estamos muy abatidos. 9 Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; Y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre. 10 ¿Por qué han de decir las naciones: Dónde está su Dios? Sea notoria la venganza de la sangre de tus siervos que ha sido derramada, Delante de nuestros ojos. 11 LLEGUE delante de ti el suspiro de los presos; Conforme a la grandeza de tu brazo, preserva a los døados a la muerte. 12 Y devuelve a nuestros vecinos en su seno siete veces su oprobio, Con el cual te han afrentado, oh Señor. 13 Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu prado, Te alabaremos para siempre; De generación en generación cantaremos tu alabanza.
Salmo 80
Oración por la restauración de Israel
1 Oh Pastor de Israel, escucha; Tú que pastoreas a José como a ovejas, Tú que estás entre querubines, resplandece. 2 Delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés, despierta tu poder, Y ven a salvarnos. 3 Oh Dios, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. 4 Oh Señor, Dios de los ejércitos, ¿Hasta cuándo estarás airado contra la oración de tu pueblo? 5 Les diste a comer pan de lágrimas, Y a beber lágrimas en gran abundancia. 6 Nos pusiste por contienda a nuestros vecinos, Y nuestros enemigos se burlan entre sí. 7 Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. 8 Haces viajar una vi de Egipto; Echaste las naciones, y la plantaste. 9 Limpiaste sitio delante de ella, Y hiciste echar sus raíces, y llenó la tierra. 10 Los montes fueron cubiertos de su sombra, Y sus sarmientos eran como los cedros de Dios. 11 Extendió sus vástagos hasta el mar, Y hasta el río sus renuevos. 12 ¿Por qué rompiste sus cercaos, Y la vendimian todos los que pasan por el camino? 13 La devora el jabalí del bosque, Y la bestia del campo la pastorea. 14 Oh Dios de los ejércitos, vuélvete ahora; Mira desde el cielo, y visita esta viña, Y la planta que plantó tu diestra, Y el hijo que fortaleciste para ti. 15 Quemada a fuego está, asolada; Perecen por la reprensión de tu rostro. 16 Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, Sobre el hijo del hombre que fortaleciste para ti. 17 Así no nos apartaremos de ti; Vida nos darás, e invocaremos tu nombre. 18 Oh Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.